menu

 

tomasinas

 

Historia

A baixen les tomasines, / en la ma'l costat, / dient-los a les fadrines / mireu-me la rosa que porte en lo cap / Porte sabata en devilla / la calsa en ramell / vixca la flor del sombrero / corbata y chaleco y el bon saragüell. / En el retratet estic, / en les cames ben plantaes. / En la maneta al costat, y les calses ramechaes).

Una de las cancioncillas populares alcoyanas más encantadoras es la que describe el paso de las Tomasinas por las calles de la ciudad en Fiestas de San Jorge.

No de las Tomasinas de hoy, por supuesto, sino de aquellas del bicornio con ramillete de flores que desfilaron orgullosas a lo largo del siglo pasado, que se extinguieron en los albores del siglo veinte y que renacieron por breve espacio de tiempo durante la postguerra, para desaparecer después, en su aspecto decimonónico, con disconformidad y nostalgia por parte de muchos, mientras otros aprobaban el nuevo paso dado por la Fiesta en la recuperación de su carácter medieval.

Las Tomasinas de hoy no son lasde los siglos XVlll y XIX, eso es evidente, pero son las herederas de su amor por las fiestas y de su altanero desfilar por las calles de Alcoy el veintidós de abril de cada año. La fila que nos ocupa, si prescindimos de los paréntesis y reformas que la han llevado a lo que es hoy, nace en un remoto pasado imposible de datar, pero en cualquier caso anterior a 1839, porque en la primera acta de la Asociación de San Jorge, fechada ese año, ya aparece su nombre en la relación de filaes, aunque bajo la denominación de «Tomasino». Se ha considerado esta variación como un error de transcripción, ya que no vuelve a aparecer y a partir de ese momento se hablará de Tomasinas o Tomasines, siempre en femenino.

Su indumentaria, las formas del original diseño de las Tomasinas, no chocaba en las fiestas de principios del siglo XIX, en las que convivía con filaes de “Romanos”, “Capellanes” y “Angeles”, mucho más disparatadas si cabe que la de Tomasinas, pero sí resultaría fuera de lugar en las de hoy. Se componía de calzón por debajo de las rodillas, elegantes zapatos de hebilla sobre las medias bordadas, blusón y chaqueta, completado el conjunto con un bicornio que se adornaba con un ramillete de flores, en el que destacaba la rosa.

El diseño ha sido considerado como originario de mediados del siglo XVIII, conectado con el traje popular, ya que en esos momentos el traje guerrero era bastante más sofisticado y adaptado a la lucha que el usado por las Tomasinas.

Uno de los elementos que determinan esta datación es precisamente el bicornio, muy característico de esta época. Por otra parte, en las observaciones ealizadas por Llobet y Vallosera a mediados del siglo XIX se cita muy especialmente a las Tomasinas, y es este cronista de la Fiesta quien da una explicación al nombre de la fila, basada precisamente en la indumentaria, y más concretamente en el hecho de que, según él, su chaqueta, corriente en la España del siglo XYIII, era igual a la de los labradores suizos, denominada «tomasina». Esta explicación serviría también para darle coherencia al hecho de que esta sea una fila con nombre femenino, a cuyos miembros se denomina también, por analogía, en femenino.